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La Tecnología DEBE mejorar el negocio
Ricardo Goldberger
Se torna muy importante hacer un buen estudio previo de la situación y necesidad de contar con las últimas herramientas tecnológicas.
Si una cosa es cierta, esa es que hoy en día, no hay negocio que pueda manejarse sin una alta cuota de tecnología. Eso implica, no sólo maquinarias o instrumentos propios de cada sector específico, sino también la participación profunda de la informática e Internet.
Pero también es cierto que la tecnología, y especialmente la computadora, tienen que estar alineada con el negocio.
Por eso se torna tan importante hacer un buen estudio previo de la situación y necesidad de contar con las últimas herramientas tecnológicas.
Las preguntas que el empresario o emprendedor tiene que hacerse son:
- ¿Puede la tecnología mejorar mi negocio? ¿De qué manera?
- Si la respuesta es positiva, ¿qué clase de tecnología necesito? O sea, qué tipo de computadoras y de configuración.
- ¿Cuánto me costaría implementar todo el sistema que necesito?
- ¿En cuánto tiempo recuperaría la inversión?
Estas u otras semejantes son las preguntas a las que hay que dar respuesta desde la tecnología.
A riesgo de aparentar estar hablando ante legos, hay ciertos conceptos que tienen que quedar bien claros.
Digámoslo desde el comienzo, un primer concepto: una computadora es una herramienta de trabajo. Seguramente más sofisticada que una sierra de calar, más difícil de programar que un contestador telefónico, con más funciones que una video casetera y más compleja que un osciloscopio. Pero sin embargo, sigue siendo una herramienta. Y como tal, se la elige y se la trata en función de las tareas que tiene que cumplir.
El otro concepto que hay que tener en cuenta es el material con el que trabaja una computadora. No es algo tangible, que se pueda modelar, armar, golpear o envasar. Se trata de información. Lisa, pura y llana información.
A una computadora se le ingresa algún tipo de información, a través del teclado, de un lector de código de barras o de tarjetas magnéticas, o de cualquier otro dispositivo de ingreso. Mediante los programas que se apliquen (de ahí el nombre de aplicaciones), devuelve en una pantalla, en un archivo, en un impreso o en cualquier otro dispositivo de salida, la información procesada de una manera determinada.
La primera conclusión es que el resultado de esta operación depende del tipo de datos que se ingresen y del tipo de aplicación que los procese. Y aquí la condición es que los datos tienen que ser coherentes o consistentes con la aplicación que los va a procesar, pero por sobre todas las cosas, con el negocio que utiliza la herramienta sofisticada de una computadora.
Por lo tanto, a riesgo de ser repetitivos, los datos que se ingresan a una computadora, tienen que estar alineados con el negocio, tienen que cumplir una función determinada por el proceso y clara para quien lo ejecuta. En otras palabras más sencillas, la computadora debe servir para mejorar el negocio, para bajar los costos, para agilizar las operaciones, para asegurar la información, para estandarizar los procesos, o para varias de estas cosas juntas, o sea, como una herramienta más del negocio.
La computadora es una especie de caja vacía que sólo va a ofrecer los resultados correctos de acuerdo a las aplicaciones que se le instalen. Y esas aplicaciones se tienen que elegir según la tarea que se quiere que cumpla la máquina. La segunda conclusión es, entonces, que para integrar una computadora en el proceso del negocio, hay que saber exactamente para qué se la necesita. Y si sus funciones no pueden ser reemplazadas por otro dispositivo más eficaz.
Y este es el lugar del CIO. Es muy probable que todo esto lo tenga muy claro, que sea una verdad de Perogrullo, que sea capaz, incluso, de recitar esta ristra de conceptos dormido. Pero acá está la otra función: el CIO tiene que hacerle entender al gerente, al jefe, al dueño, a quien sea que corta el bacalao, todas estas nociones. Y, por supuesto, convencerse de que la tecnología (y, si cabe, la actualización y la innovación tecnológica) no debe hacer otra cosa más que mejorar el negocio.
Autor: Ricardo Goldberger
Tomado con autorización de AADS
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