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Cambio de Paradigma
José Camilo Daccach T.
Los costos de los componentes de los proyectos de tecnología han sufrido modificaciones en su participación del presupuesto total, obligando a cambiar la forma de tomar las decisiones.
Los costos de un proyecto de tecnología informática, por lo menos los que afectan el flujo de caja, están básicamente contemplados en cuatro grandes grupos, a saber: programas, equipos, consultoría, y mantenimiento.
Los programas incluyen dos tipos de clasificación, tanto los aplicativos (los que permiten ejecutar la funcionalidad requerida) y los de las bases de datos y aplicaciones de administración del sistema y de las redes, las cuales facilitan la administración de los recursos. Los equipos incluyen tanto los de cómputo en si mismos como todo el equipamiento periférico de terminales, PC's, impresoras, equipos de comunicación y el cableado estructurado entre otros. La consultoría abarca por igual la capacitación que se requiere impartir a los usuarios para que puedan implementar y utilizar las aplicaciones, y el acompañamiento en la definición de las reglas del negocio dentro de las aplicaciones (parametrización). Por último, los dos primeros rubros, el de equipos y el de programas, por lo general tienen asociadas unas cuotas de mantenimiento por lo general tasadas en un porcentaje del valor de compra inicial.
Hasta hace solo unos años, los costos de los proyectos de tecnología estaban claramente definidos con un alto contenido de costo concentrado en los programas y los equipos, un costo bajo enfocado en la consultoría necesaria para implantar los programas, y todavía un menor costo en el mantenimiento de las aplicaciones. Los costos de consultoría estaban ligados al valor total del proyecto y su participación no era tan alta porcentualmente.
Hace tal vez unos 12 meses irrumpió con mucha fuerza el software gratuito, que hizo evaluar todo el paradigma de la distribución de costos. Si el sistema operativo y la base de datos son gratuitas, los servicios si se seguían cobrando al mismo precio, serían proporcionalmente muy altos, llegando en ocasiones a ser más del 60% del valor del proyecto. Esto se adiciona con la baja substancial en el precio de los equipos de cómputo. Quedan dos rubros específicos que no han tenido rebajas substanciales: el software aplicativo y el valor de la hora hombre de consultoría.
Este cambio de paradigma es de difícil aceptación desde el sector comprador, y el sector proveedor se ve en aprietos para justificar el valor de su conocimiento para poderlo cobrar. Es difícil cambiar la costumbre de que las cosas que valen son físicas, tangibles y que por lo menos le podría cargar un valor de salvamento. En el caso de la materia gris, este concepto no aplica. Se hace entonces más difícil justificar que el componente más costos de un proyecto de tecnología, el recurso humano y su conocimiento, estará solo "alquilado" por un tiempo, por una suma alta dentro de la composición económica del mismo.
Si bien es cierto que hay aplicaciones gratuitas, también es cierto que se requiere conocimiento para poder consolidar varios componentes para prestar una sola funcionalidad. La carencia de costo, termina en ocasiones siendo compensada con costos de consultoría necesarios. No necesariamente lo gratuito termina siendo barato de instalar.
Por otro lado, existen proyectos de utilización de tecnología por encima del nivel transaccional común en las empresas. En el nivel transaccional se justifica la implementación de tecnología bien por el ahorro de tiempo en el proceso o por la disminución de gente para llevarla a cabo. En el campo superior, aplicaciones como la implementación de una intranet o el establecimiento del correo electrónico como medio de comunicación interna en una empresa, son difíciles de justificar en su beneficio antes de implementarla. Las aplicaciones sin costo, si se quiere invertir tiempo al interior de las organizaciones para aprender a utilizarlas y montarlas, permiten establecer este tipo de funcionalidad a beneficio de las empresas y luego justificar su necesidad con base en resultados comprobados.
Este cambio de paradigma hace que las empresas proveedoras de aplicaciones busquen una forma de agregar valor no solo en el software sino en los servicios conexos. Igualmente al interior de las empresas se tendrá que ajustar la concepción de que los servicios deban ser gratuitos o a muy bajo costo, ya que desestimula la investigación en las personas que brindan este servicio.
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