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Movilidad y Seguridad
José Camilo Daccach T.
La miniaturización de dispositivos y la Internet permiten el uso de la tecnología en cualquier lugar y a cualquier hora, generando muchas ventajas pero también algunos peligros de acceso indebido.
La Internet ya ha cumplido más de 35 años (hay versiones encontradas sobre este número, pero para efectos del artículo lo podemos usar), y con cada minuto que pasa de la aplicación de sus tecnologías, se incrementa exponencialmente la urgencia y la necesidad de utilizar las mismas en el desarrollo de ventajas competitivas, para algunos, y para otros en simple necesidad para la supervivencia.
Uno de los grandes cambios, sino el mayor, de los que introdujo la Internet en el uso de la tecnología, es la facilidad y economía para la distribución de recursos informáticos, y por ende, el acceso a la información. En los sistemas tradicionales se contaba con un sistema central al que se le conectaban terminales brutas mediante cables coaxiales, algunos, y otros mediante cables de red, limitando la distancia desde la cual habría conexión. Para una conexión remota, se requería invertir grandes sumas de dinero en la comunicación.
Hoy contamos con una infraestructura, asombrosamente administrada por "nadie en particular" donde el uso colaborativo de la misma permite la utilización de las tecnologías por parte de casi todo el mundo. También se han desarrollado una serie de dispositivos, aprovechando la miniaturización de la tecnología, que permiten que esta misma información pueda ser accesada desde cualquier parte, en forma inalámbrica, dando además de la ubicuidad de la información, la independencia de la conexión alambrada.
Recientemente hemos estado inundados de dispositivos que representan la convergencia de dos medios, el teléfono y la Internet. El uso del teléfono celular está sobrepasando en muchos países el uso del teléfono tradicional "pegado" a la telefonía alambrada. Adicionalmente los teléfonos celulares tienen tanta funcionalidad que asemejan un computador. En un dispositivo altamente portátil, como un teléfono celular, hoy se puede navegar en la Internet, se puede tomar fotos, compartirlas, y hasta efectuar videoconferencias. Por el contrario, los computadores portátiles o agendas digitales, vienen ya equiparadas para utilizar redes inalámbricas, bien sean de Internet o celulares. Lo que queda claro es que nos podemos mover y seguir conectados.
Adicionalmente hay otra serie de dispositivos como las memorias removibles como las que se utilizan en las cámaras digitales y los equipos con puertos USB (y las he visto hasta en pulsos de relojes).
Todos estos dispositivos facilitan tanto el espionaje industrial como el robo de información, y son pocos los procedimientos de seguridad que tienen en cuenta este tipo de dispositivos. Un teléfono celular puede parecer inofensivo, y no en balde todos lo usan, pero con el mismo se podría estar grabando una reunión, tomando fotos de documentos confidenciales, y hasta efectuando una navegación por Internet obteniendo información trascendental y ventajosa para el curso de una reunión. Lo mismo se puede hacer con una Palm que incorpore una cámara fotográfica, o con un dispositivo reducido de memoria.
La proliferación de los dispositivos móviles, que bien usados permiten brindar servicios de valor agregado estratégico como la toma en sitio de inventarios, los reportes de venta instantáneos, la lectura de contadores de servicios públicos, y todos estos dispositivos conectados legalmente a los servidores corporativos, también le brindan al que los quiera usar en forma fraudulenta, una facilidad enorme.
Buena parte del éxito de las compañías se basa en el celo con el que se mantiene la confidencialidad de la información. La presencia de estos dispositivos, sin el adecuado control, pone en peligro esta posibilidad de éxito. La velocidad con la cual se requiere que instalemos soluciones que acepten dispositivos móviles por lo general deja de un lado el tema de seguridad, pero no es excusa para no revisar el tema y tomar las medidas correctivas.
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