Es hora de darle un nuevo vistazo a lo que llamamos la “sopa de letras” y determinar si realmente la certificación en alguna de estas mejores prácticas, marcos de referencia, cuerpos de conocimiento, realmente aporta y si debieran ser un objetivo.

Nos remontamos en contexto a las certificaciones en ISO 9000, las cuales se hicieron “famosas” en las empresas en las cuales nos movíamos a finales de los años ochenta, principios de los noventa. Importamos desde Japón, la “nueva manera de mirar los temas de Calidad” impartidas por Ishikawa en oriente y Demming en Occidente.

El certificado ISO9000 se convirtió en un trofeo preciado que certificaba en la empresa que lo exhibiera,  que algunos de sus procesos (o toda la compañía, dependiendo de qué se certificaba), cumplían con principios generalmente aceptados que garantizaban que los productos y/o servicios que pasasen por estos procesos, tendrían garantía de calidad.



Tristemente, la mayoría de las empresas que emprendieron el tortuoso camino de la certificación, porque dejamos claro de una vez que cada certificación de estas requiere se recorra un camino largo y tortuoso para llegar a ella, y obtuvieron el certificado, cesaron ahí la aplicación de estos conceptos. La siguiente validación del proceso de gestión de calidad, por lo general fracasaba, o ni siquiera se abordaba.

El objetivo entonces era obtener un certificado como cumplimiento de algún requisito en particular, más no había un cambio de cultura que considerara válidos los nuevos procesos de gestión de calidad, ni los beneficios a la compañía de tal manera que cultivara esta cultura y la mantuviera vigente.

Hoy tenemos toda suerte de certificaciones ofrecidas, en ITIL, CobiT, CMMI, Togaf, PRINCE2, ISO20000, ISO21500, ISO27000, ISO14000, entre muchas otras. La duda que surge es si se debe o no propender por algunas o todas estas certificaciones.

Es claro que algunas son “competencia”, como PMI, PRINCE2 e ISO21500. Otras son complementarias como ITIL para la administración de TI (competencia de ISO20000) y CMMI para la adquisición y/o construcción de software. CobiT dice que toma de todas un poco para armar su propio esquema, y compite con ISO38500 en el tema de gobierno corporativo de TI.



No tengo nada en contra de las certificaciones, mas si del proceso de certificarse porque esté de “moda”. Una de estas “modas” es la certificación como PMP, ampliamente impulsada por el PMI, sin embargo conozco muchos PMP´s que son pésimos gerentes de proyecto, y otros gerentes de proyecto que no tienen la certificación, haciendo una excelente labor. Lo que quiero decir con esto es que la certificación per sé, no hace al gerente, ni al implementador, ni al técnico.

Por otra parte, buscar la certificación en UNA de las tendencias, y siguiendo el caso de la gestión de proyectos, con PMI, implicaría, no solo por costo sino por tiempo, dejar a un lado PRINCE2 e ISO21500, otras dos “formas de hacer o de pensar los proyectos”. No veo por qué debamos entonces, tomando la decisión de una sola certificación, cerrar la puerta a los beneficios que nos puedan brindar los otros dos.

Igual sucede con ITIL e ISO20000, con ISO9000 o SixSigma, con CobiT y todos los demás que indican que le aportan a la definición de procesos de CobiT.

Certificarse por certificarse no tiene mucho sentido. Dejar de lado otros marcos de referencia, o metodologías, o cuerpos de conocimiento por “fanáticamente” adherir a alguno en particular solo por la certificación, tampoco hace mucho sentido.

No se excluya del resto de los mundos solo por seleccionar alguno para la certificación. La tarea es ardua e invita a revisarlos TODOS, y tomar de cada uno lo que mejor resuelva su problemática.

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