El pensamiento inductivo parte de la existencia de soluciones preconfiguradas, y la tarea que queda es buscar qué problemas existentes se pueden resolver con ésta tecnología, o mejor aún, que problemas que aún no tengo (mejoramiento) puedo resolver o evitar usando esta nueva tecnología.

La forma tradicional de utilizar y seleccionar la tecnología (y en general de solución de problemas) utiliza el pensamiento deductivo. En este tipo de alcance, se selecciona un problema, se determina la forma en la cual se puede resolver y posteriormente se evalúa cuál sería la tecnología apropiada para aplicar a la solución seleccionada.

Acto seguido, se procede a implementar la solución, validar el logro de objetivos, detectar posibles ajustes, efectuarlos y seguir el proceso de validación, ajuste y prueba de tal manera que se llegue al objetivo.

Este esquema, que se ha utilizado por años en la justificación de proyectos de tecnología, tiende a desaparecer y dar paso a una nueva forma de aplicar tecnología, cobijada bajo el tema del pensamiento inductivo.



Pareciera un juego de palabras, pero el pensamiento inductivo es exactamente opuesto al pensamiento deductivo. El pensamiento inductivo parte de la existencia de soluciones preconfiguradas, y la tarea que queda es buscar qué problemas existentes se pueden resolver con ésta tecnología, o mejor aún, que problemas que aún no tengo (mejoramiento) puedo resolver o evitar usando esta nueva tecnología.

En este caso, no se requiere efectuar arduas jornadas de implementaciones, validaciones, pruebas y ajustes ya que las tecnologías seleccionadas ya han pasado por pruebas en otros sitios y precisamente son estas pruebas en otros sitios los que la hacen merecedora de ser considerada como una alternativa válida de implementación.

Las tecnologías de Internet dieron pié a que se pidiera aplicar el pensamiento inductivo sin tener que recurrir a costos altos, y en ocasiones sin tener que incurrir en ningun costo.  Tomemos por ejemplo la existencia del correo electrónico, que aunque existe hace más de 30 años, se popularizó con la Internet. Nadie puede alegar hoy en día que la tecnología no tiene utilidad. Tampoco se puede alegar que está en estado experimental ni que puede ocasionar tal o cual problema. Es una tecnología tan difundida, que ni si quiera se necesita una justificación económica para implementarla. Y ya se pasó del simple correo con noticias a ser un medio de comunicacion de eventos, para toma de decisiones, para mercadeo a través de boletines electrónicos y muchas aplicaciones más.

El pensamiento inductivo no se limita a las tecnologías de Internet. Hoy tenemos como aplicar, por ejemplo tecnologías de redes sociales, o de comunicación como el WhatsApp, o de mapas como Google Maps, o de algoritmos de búsqueda de rutas como Waze, para ver qué podemos hacer con ellas y resolver problemáticas que conocemos o adelantarnos a otros que no han sucedido todavía.  Por ejemplo, por qué no conectar los sistemas de semáforos en las ciudades a Waze, así podrían ponerse los tiempos de cada cruce acorde al tráfico que se esté presentando, en tiempo real.



La aplicación del pensamiento inductivo no viene sola. Exige la utilización de estándares de industria que permitan replicar resultados ya obtenidos y probados. No tiene sentido que se utilice una tecnología no estándar cuando una estandarizada ya ha probado sus beneficios y cubre la funcionalidad requerida.

No se duda de la Web, no se duda del Correo Electrónico, no se duda de las bondades de la comunicación con clientes, proveedores, familiares, y las posibilidades de utilización de estas tecnologías son limitadas exclusivamente por su imaginación. Dé rienda suelta a su imaginación, empiece a explotar estas nuevas tecnologías y disfrutar de una infraestructura ya probada y en pié tanto a nivel corporativo como personal.

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