Con regularidad las personas y/o empresas se ven abocadas con tener que responder a la recurrente pregunta de si es mejor comprar o desarrollar aplicaciones al interior de la empresa. Lo que se requiere en este tipo de situaciones es fijar unas políticas para determinar la mejor alternativa.

Con regularidad las personas y/o empresas se ven abocadas con tener que responder a la recurrente pregunta de si es mejor comprar o desarrollar aplicaciones al interior de la empresa.

Lo que si queda claro, es que son tipos de proyectos completamente distintos; mientras que el primero es uno de implementación, el segundo implica diseño, desarrollo, pruebas de tecnología y muchos pasos adicionales.



La respuesta a este tipo de preguntas casi que de fe religiosa, inicia siempre con un «depende», palabra favorita de quienes nos desempeñamos en la asesoría de clientes. Algunos lo tildan de «miedo al compromiso», yo prefiero catalogarlo como uno de esos problemas donde no hay una sola respuesta ni una que se pueda generalizar.

Lo que se requiere en este tipo de situaciones es fijar unas políticas, o criterios de preferencia, para determinar si para un requerimiento en particular es más beneficioso adquirir o desarrollar.

El primer punto a tener en cuenta es la filosofía empresarial. Unas han determinado que por salirse de su objeto del negocio, prefieren adquirir que desarrollar. Va aquí la primera política, se recomienda, para las empresas con esta filosofía, adquirir aplicaciones que cubran por lo menos el 70% de los requerimientos funcionales. Es probable que para las aplicaciones básicas y algunas avanzadas en cada tipo de industria, se pueda seleccionar entre un buen numero de oferentes, la mejor alternativa y/o la más completa.



Otro aspecto a considerar es la vocación de la empresa a la investigación permanente sobre nuevas tecnologías. Es claro que con la velocidad con la cual avanzan las tecnologías informáticas, cualquier desarrollo que se haga o se adquiera, perderá actualidad tecnológica en el corto plazo.

Este plazo por lo general es de 18 meses a dos años, plazo promedio para el desarrollo de cualquier solución. Lo que implicaría, que apenas termine de implementar la aplicación desarrollada, debo generar los procesos de actualización tecnológica y caso que iniciar de nuevo la siguiente versión. La política en este caso sería que si no se hace investigación en TI, se adquieran las aplicaciones y se contraten las actualizaciones por cambios en tecnología o en legislación.

También es importante considerar el tipo de problema que se quiere solucionar. Si es un problema común como implementar sistemas de información en una cadena de almacenes, o el manejo de una planta de producción, por más «únicos» que éstos sean, se consiguen aplicaciones ya desarrolladas que pueden ser fácilmente adaptables a los requerimientos de las empresas y a su cultura.



En algunos casos, lo que se quiere hacer es estratégicamente importante y no se cuentan con aplicaciones ya desarrolladas, como ocurre en las industrias donde la innovación se hace mediante la tecnología, industrias como la bancaria o la de transacciones electrónicas. En estas circunstancias, habría que destacar un grupo de personas a desarrollar la funcionalidad requerida.

En conclusión, para ir definiendo el «depende», es importante validar las políticas corporativas. Si se tiene ya un departamento de diseño, hay que analizar si tienen tiempo o si es rentable que desarrollen la aplicación necesaria. Adicionalmente hay que determinar si el factible conseguir la aplicación en el mercado.

Si a todo esto la respuesta es negativa, habrá que implementar la capacidad interna para desarrollar la solución. Lo que si debe quedar claro es que si decide hacer software en casa, tendrá que armar el departamento como si fuera una empresa productora de soluciones informáticas, es decir, incorporar funciones de diseño, prueba, control de versiones, implementación, investigación de tecnología y muchas otras actividades que debe afrontar una casa de software.

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