Le apostamos fuertemente a la educación como una estrategia poderosa y efectiva en la reducción de brechas tanto económicas como sociales, pero estamos lejos, muy lejos de los niveles de cobertura y calidad que se requieren.

Hace ya más de 20 años me invitaron a dictar una clase de Planeación Estratégica de TI en una universidad local. Con mucho respeto y un poco de temor por ser la primera vez, asumí ese reto en ese entonces, de transmitir conocimiento, no solo para que el alumno se entere, sino que también adquiera la competencia para el hacer.

Todo salió bien, y de ahí no he parado de compartir con alumnos en muchos países de América Latina, en sesiones de aprendizajes mutuos, donde voy mejorando mis habilidades como tutor o guía (la tarea del profesor ha cambiado mucho, pero eso es tema de otro artículo!), y a su vez generamos en conjunto nuevas formas de explicar los conceptos.



También he estado involucrado los últimos diez años en procesos de educación enteramente virtuales, (en Bolivia y Chile) lo que me ha permitido tener contacto de cerca con la aplicación de la tecnología informática al logro de estas competencias de las que hablamos en el primer párrafo.

Hay claras diferencias entre la educación presencial y la virtual, no es que una sea mejor que la otra, sino que tienen características distintas, y puede que la educación virtual no sea para todo el mundo, ya que requiere unas capacidades en cuanto a automatización y manejo de tiempo que no todos están dispuestos a aportar.

Sin embargo, me atrevo a elaborar la propuesta que esbozo a continuación, como alternativa para que de manera importante se pueda reducir el déficit de cobertura en la educación, por lo menos en la mayoría de países en América Latina.



La propuesta es sencilla: no construyamos más escuelas, sino que hagamos una gigantesca “escuela virtual” a la cual puedan asistir todos los alumnos que así lo requieran (inclusive los que no tienen medios para asistir a los esquemas tradicionales educativos).

Tenemos algo claro, la cantidad no puede menospreciar la calidad. Se debe garantizar un alto nivel de calidad en la educación que se ofrezca de manera virtual.

La propuesta encierra dos elementos igualmente importantes: la construcción de la plataforma y la administración de los contenidos, en conjunto con la prestación del servicio; y herramientas de acceso para los estudiantes.

La segunda es más fácil. Si en la India pueden otorgar tabletas a US$35 a los estudiantes, nos podemos inventar algo por US$200 con mucha más funcionalidad, para que al alumno le dure por lo menos tres años. Cada tres años se reemplazaría por un equipo de mejores prestaciones. Adicionalmente habría que estructurar esquemas de comunicación a Internet por banda ancha que garantice que el alumno podrá acceder a la “escuela virtual”.



La primera es más compleja, en especial porque requiere estructurar el componente de calidad dentro de la solución. Para esto propongo tomar a los mejores maestros de cada materia, pagarles un dinero importante a cada uno por su aporte, ponerles a disposición un grupo especializado en nuevas tecnologías multimedia, como vídeos, infografías, etc. para que asistan en la construcción de los materiales, y generar los contenidos específicos para cada materia, para cada año escolar.

Estos contenidos deberán estar acompañados con herramientas diagnósticas que permitan validar que el alumno está adquiriendo las competencias en forma adecuada, al igual que las herramientas para que los tutores puedan motivar los avances de los alumnos.

No he hecho las cuentas, pero estoy seguro que es mucho más barato hacer “escuelas virtuales” con maestros muy bien pagos y tutores ampliamente capacitados, entregar subsidiados los equipos y medios de conexión, que construir aulas físicas, por lo menos en el volumen que se requiere para disminuir las brechas.



Ventajas adicionales incluyen que la escuela no tiene que ser en la vereda, la ciudad, el departamento o inclusive el país. Puede utilizarse en forma global. A esto se le agrega la posibilidad de crear usos explotando las redes sociales, para que el aprendizaje sea colectivo, enriqueciendo la experiencia. Inclusive se podrían organizar reuniones físicas de los alumnos virtuales, para ayudar en el proceso de socialización.

Es el primer borrador, pero seguiremos trabajando en la idea con quienes se le quieran medir a este proceso. Quisiéramos leer sus opiniones y comentarios!

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