Elaborar los planes estratégicos es fácil si se tiene en cuenta los factores que garanticen su implementación y su efectividad.

Hace muchos años se vienen generando procesos de planeación estratégica en muchos ámbitos: para el negocio, para mercadeo, recurso humano, tecnología, y muchos más.  Sin embargo, buena parte de estos procesos no pasan de ser un saludo a la bandera, o una lista de intenciones de inicio de año, que se diluyen en el transcurrir del día a día en las empresas y terminan, como muchos, siendo un adorno más en la biblioteca del planeador.

El título del articulo es atrevido, porque no tenemos la “verdad revelada” ni la solución mágica para que los procesos de planeación estratégica sean exitosos.  Si tenemos mas de 30 años dirigiendo este tipo de procesos con resultados satisfactorios, lo que nos permite señalar algunas pautas que pudieran llevar mejor sus planes de “la teoría a la práctica”.



En buena parte de las situaciones vemos una confusión entre las herramientas para planeacíon y el plan mismo.  No se deje obnubilar por las herramientas como el Balanced Score Card o el Business Model Canvas, son solo herramientas.  El plan estratégico serán las conclusiones que se puedan lograr utilizando estas y otras muchas herramientas, dependiendo del negocio, industria y tipo de plan que se quiere elaborar.  Las herramientas no son la planeación.

La mayor causa de sensación de fracaso de estos procesos es la falta, al final del día, de las propias estrategias.  Es curioso ver como buena parte d ellos planes que tenemos ocasión de revisar, no tienen estrategias.  Se requiere entonces, en primer lugar, acordar qué se entiende por estrategia.  Nosotros lo definimos como “un curso de acción para lograr un objetivo”.  En concreto, es una lista de actividades que permiten llegar al objetivo planteado.

En los documentos donde no están las estrategias bajo esta definición, encontramos títulos como “objetivos estratégicos”, “iniciativas”, pero ninguno tiene un curso de acción para lograrlo, lo que hace muy difícil hacer una gestión sobre el mismo plan, que no existe.



A manera de ejemplo, “Aumentar las ventas un 15%” como estrategia, está completamente carente de eso precisamente, de la estrategia.  Es decir, la respuesta a: ¿Qué vamos a hacer para aumentar las ventas un 15%?  Lo que se presenta es un objetivo (y por lo menos este tiene algo que se puede medir, faltándole la temporalidad, si es en un año, en tres, o en cuanto tiempo.

Hace falta un curso de acción, que podría estar compuesto inclusive de varios elementos como:  aumentar precios, aumentar el portafolio de productos, penetrar en mercados todavía no explotados, aumentar participación en mercados actuales.  Todas estrategias válidas, que se pueden o no implementar.  Un plan estratégico tendría la respuesta a la pregunta, con la estrategia definida.

El segundo factor, que genera el primero es que no hay siquiera definidos objetivos, o si están identificados, no tienen claridad en cuanto a especificidad, medición, y capacidad de realizarlos.  Esto dificulta aún mas el establecer el plan estratégico, de cualquier índole, como herramienta de gestión.  Es claro entonces que, si no está establecido el objetivo de manera adecuada, difícilmente se van a poder establecer las estrategias.



Y aquí se confunde un poco en algunos casos dos tipos de objetivos: el del negocio y el de la estrategia.  En el ejemplo anterior, el del negocio es aumentar las ventas un 15%, ese está claro.  Si la estrategia fuera aumentar la participación en mercados actuales, esta estrategia tendría un aumento específico de participación en cada uno de los mercados.  Esto define el objetivo de la estrategia, que, de cumplirse, debería aportar en alguna manera al objetivo del negocio.

Cuando los dos primero se dan, es decir, están claramente identificados los objetivos estratégicos y también están enunciadas las estrategias y sus objetivos, entonces falla en el proceso de implementación.  Por lo general, porque los planes son elaborados “a puerta cerrada” por un grupo de personas específico, donde no se involucran todos los responsables de implementarlo.

Al elaborarlo impediente de los responsables de la implementación, se genera una brecha importante que se debe cerrar mediante arduos procesos de comunicación y de convencimiento para lograr que los ejecutantes estén alineados con el plan.

Hacer el plan no es difícil, si se tienen los métodos adecuados que tengan en cuenta los tres factores arriba indicados para que el plan contenga los objetivos, contenga las estrategias, y esté con buena perspectiva para implementarse.  De lo contrario, no dejará de ser otro adorno en la biblioteca de la empresa.



Seguro hay otros factores, ¡esperamos sus aportes en los comentarios!

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