Para poder asimilar los cambios, que ya no son esporádicos sino una constante, es indispensable que las empresas cambien su forma de pensar, la forma de operar, y la forma de considerar la tecnología.

Podemos decir sin temor a equivocarnos que la pandemia reciente, que todavía sufrimos, nos ha hecho cambiar perspectivas en muchas de las áreas donde nos movemos.

Hemos cambiado en la forma de trabajar, de cuidar nuestra salud, de relacionamiento, de criterios para priorizar; hemos cambiado muchas cosas, hayamos querido o no.  Todos estos cambios los hemos hecho, algunos a regañadientes, otros con un abrazo de bienvenida, pero todos esperando volver a esa “normalidad”.

El tiempo nos ha demostrado que, por lo menos en el futuro cercano, ya estamos viviendo una normalidad, pero una nueva normalidad, ajustada para acomodar todos estos cambios.   Lo que si no ha cambiado es el entorno de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad en que debemos tomar las decisiones.  Tanto que hasta sigla tiene, VUCA, por sus iniciales en inglés.



Confirmamos entonces que este presente es un continuo cambiante, y como tal, las organizaciones tienen que estar preparadas para sobrevivir, jugar y crecer en este entorno.  Es responsabilidad entonces que quienes dirigen las organizaciones, establezcan estrategias que garanticen la resiliencia.  Y no tanto resiliencia como “reponerse al golpe eventual” sino como una forma de vida, para maniobrar ante los permanentes cambios inevitables.

Es necesario entonces modificar la forma  en que operan las organizaciones para poder navegar en este mar turbulento.   Surge el concepto de negocios componibles, un concepto desarrollado por Gartner, que define las empresas como un conjunto de bloques de construcción, con los cuales se pueden “componer” y ajustar a los requerimientos surgidos a partir de los constantes cambios.

Suena fácil, y el concepto es claro, sin embargo, la ruta para llegar a tener una organización con este nivel de adaptabilidad y flexibilidad exige cambios radicales en tres elementos fundamentales.

La forma de pensar.  Las organizaciones necesitan cambiar la forma como abordan el cambio.  Ya no se puede contemplar como una contención de riesgo, sino como una forma de vida.  Es lo que va a seguir sucediendo de ahora en adelante, un cambio continuo.  Por lo tanto, la invitación es a pensar que cualquier requerimiento en el negocio se puede “armar” a partir de bloques de construcción. 

Eliminar el concepto de “riesgo del cambio” y abordar la “oportunidad por el cambio”.  No es un proceso fácil, porque implica cambiar muchos años de cultura, pero hay que empezar a implementarlo.



La estructura de la organización.  Normalmente se conoce como la arquitectura del negocio, es decir, como está armado.  Procesos, personas, y tecnología.  Nos ocupamos aquí de los dos primeros, poque hay un aparte especial para la tecnología.

Los procesos y procedimientos de la organización de deben poder construir con base en pequeños “paquetes funcionales”, o de capacidad, que al unirlos en cierto orden le permitan a la organización cumplir con un propósito.

Estamos acostumbrados a ver la organización en macroprocesos, en muchas cosas dependientes de otras, y el reto es hacer los paquetes de capacidad independientes, que puedan existir por si solos, y agregar valor al unirse con otros.

Ya las empresas han avanzado en los conceptos de orientación a procesos (bueno, todavía hay empresas organizadas en silos, pero confiamos entenderán que no pueden operar así), y será menos complejo entonces hacer el cambio hacia paquetes funcionales, y avanzar hacia esa empresa digital.

Tecnología Modular.  Afortunadamente en el tema de la tecnología se viene trabajando modularmente hace más de 20 años. Aunque no todos lo han hecho al mismo ritmo, el concepto de modularidad y parametrización nos han demostrado sus bondades.

La tecnología modular es la que permite pensar en una arquitectura empresarial componible, paquetes que se pueden unir para ofrecer una función específica.  Es esta tecnología la que habilita lo que el pensamiento componible, el pensamiento de poder hacer cualquier cambio sin fricción.

Hay definidos cuatro principios que rigen esta empresa componible, como el siguiente paso a la empresa digital.  Estar atento a descubrir los cambios para responder más rápido; aprovechar la modularidad para gestionar con agilidad; liderazgo basado en orquestación de acciones, y una autonomía que garantiza la resiliencia.

La combinación de todos estos elementos les permite a las organizaciones pivotear rápidamente hacia donde requiera virar.  ¿Qué tan preparada está su empresa?

 

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